Aimar: Lo que queda de ti o de mi.
Dudé mucho sobre qué seudónimo ponerme, ya que con mi nombre, María, tenía muchas posibilidades, como Airam, que es mi nombre al revés, o Amarí. Cada uno de estos seudónimos me transmite sensaciones diferentes: el último, por ejemplo, me hace pensar que podría ser el nombre de una escritora de novelas románticas, mientras que Airam me suena más adecuado para una autora de poemarios.
Lo que queda de ti o de mi.
Recuerdo los cuerpos sudorosos a mi alrededor, bailando como si fuera la última noche en la que podrían salir. Es irónico, porque yo deseaba que realmente lo fuera. No paraban de moverse, de reír, de dejarse llevar por la música, mientras yo solo podía pensar en aquella maldita llamada y en la voz que escuché. No era una voz familiar, y mucho menos la de una amiga.
Era él. No sé quién, pero él. Te preguntó entre risas y besos quién había llamado a esas horas. “Nadie”, dijiste. No soy nadie. Como en esta discoteca, nadie. Hasta que lo vi con esas gafas de sol, y quise serlo todo.
Hoy estoy solo, sin ti y sin él, y lo que creí recordar se disuelve en culpabilidad y silencios. ¿Qué hice realmente aquella noche? ¿Y hasta dónde llega la verdad cuando la memoria falla?

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